El Indio
Esta representación del mito del “cacique atlacatl” se trata nada más que una copia en cemento del original en bronce de un autoretrato del escultor salvadoreño Valentín Estrada.
Su más importante obra fue traída de España por gestiones diplomáticas del gobierno salvadoreño y a petición del mismo artista.
La escultura, de 2.20 metros, fue bautizada con el nombre de Atlacatl, en honor del supuesto caudillo que lideró los ejércitos indígenas frente a la invasión española en el país, pero en realidad el monumento es el autorretrato de Valentín Estrada.
Armando Solís cuenta que duran te varias entrevistas que sostuvo con su maestro logró arrancarle el secreto. “Él me contó que para moldear la escultura tenía que verse al espejo. Era su figura, su rostro decorado con un penacho de plumas en recuerdo de los pipiles originales que vinieron de México”, asegura.
Esas mismas plumas le trajeron duras críticas porque los intelectuales de la época se negaban a aceptar un indígena salvadoreña con tales atuendos; por eso las autoridades lo obligaban a disfrazarse para convencer a la gente de la existencia de la figura.
Durante años, la estatua permaneció en la Avenida Independencia hasta que en los años 70 fue trasladada a la colonia Atlacatl, donde todavía permanece en el parque centro de la comunidad.
Una réplica esculpida en piedra también se encuentra en Antiguo Cuscatlán. Ambas tienen la misma posición como guardianes, de espalda al sol.
Cargada por René Aguiluz el 6 de dic ‘09, 7:09 GMT+6.
































































Comentarios recientes